Un largo periodo de incertidumbre, causa más o menos estragos según la resistencia psicológica que se tenga a las adversidades, y los recursos que se posean para soportar la inestabilidad emocional.
También depende de la capacidad para aceptar que todo se acaba, incluidas las malas rachas.
Sin embargo, por mucho que se racionalice la situación, resulta casi imposible no sufrir ninguna alteración en el estado de ánimo.
Ésta situación, despierta también otros temores que permanecen sin resolver en el subsconciente y se multiplica por razones ajenas a las actuales.
Afecta incluso a otras áreas de la vida, por eso, si el entorno funciona bien, se trata de un apoyo muy importante.
Reflexionar sobre cómo manejamos los afectos agresivos es importante para no ser víctimas de un pesimismo improductivo. Quienes caen en él, están atados a una necesidad de castigo.
Los momentos de inestabilidad también nos dan la oportunidad de revisar y sopesar lo que tenemos.
Más adelante, una vez superado ese periodo, sabemos más de nosotros mismos.
Por eso digo, que en la vida no hay que estancarse, siempre hay que seguir para adelante por muy insoportable o duro que pueda parecerte al principio, hay que aprovechar al máximo cada momento que se nos ponga por delante, pues la vida es corta...(o eso dicen)
La ignorancia es el primer paso al olvido.
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